A veces pienso que debería sentirme orgullosa todo el tiempo. Siendo la primera en mi familia que se gradue del colegio debería significar que soy fuerte, feliz y sobresaliendo constantemente. Pero la verdad es que ser un estudiante de primera generación es difícil, confuso y solitario. Honestamente, es agotante.
Cuando la gente habla sobre transfiriendose a una universidad, suena simple. Simplemente aplica, envía tus [transcripts] y registra para clases. Pero nadie te dice cómo se siente tener que averiguar todo sola. No tuve alguien que revise mi aplicación o que explique lo que “educación general del nivel superior” significa y aun no se que es.
La mayoría del tiempo, me siento perdida y [overwhelmed]. Existen tantos pasos y a veces es vergonzoso tener que ir a un consejero y tener que explicarle el nivel de educación que tus padres tuvieron. Se siente que serán juzgados.
Observé a mis amigos recibir ayuda de sus padres, llenando papeles, ayudando a escoger escuelas, ayudándoles con mudanzas. Y yo? Solo me quede mirando la pantalla de mi computadora por hora, tratando de entender cosas que deberían ser explicadas con un manual de instrucciones. Hubo noches donde lloré por causa de frustración porque cada paso era como un examen que no estudie. Me senti como un idiota, porque pase por toda esta educacion y no lograba terminar una triste aplicacion.
Lo que hace las cosas aún más difíciles es que la gente piensa que está bien porque “has llegado hasta aquí.” ven las cartas de aceptación, los grados, las tardes noches pasadas en la mesa del comedor y piensan que tienes todo en orden. Pero siendo un estudiante de primera generación es tener que sobrevivir en espacios que no fueron hechos para ti.
Significa tener que fingir como si estas bien mientras batallas por sostenerte, sonriendo a pesar del cansancio porque no quieres que otros vean que estas apunto de caer en pedazos. Siendo la hermana mayor los hace aún más pesados. Las esperanzas de mi familia no son las únicas cosas que estoy cargando, también estoy tratando de crear un ejemplo para mis hermanos y hermanas menores, enseñándoles que es posible tener éxito, a pesar del camino difícil.
Enseñas por medio de haciendo, sobreviviendo y manteniendote arriba, aun cuando te sientes herida por dentro. Significa tener que superar las lágrimas cuando no tienes tiempo para llorar porque siempre hay alguien que te admira, que depende de ti, confía en que les enseñaras el camino adecuado. Yo creo esa carretera para ellos para que no pasen por mi posición actual y para que sus transiciones sean fluidas.
Digo que “estoy bien” porque es mucho más fácil que la explicación complicada de orgullo, miedo y cansancio que corre por mis venas todos los días. Pero hacia el fondo, existe la preocupación de que no eres suficiente, que tal vez el esfuerzo no rindió. Quieres hacer a tus padres orgullosos, proteger a tus hermanos y hermanas, hay prueba de que todos los sacrificios faltaron la pena. Aun así, te preguntas si alguien reconoce cuánta fuerza se requiere para seguirle, para sostener a todos los demás mientras intentas hacer lo mismo para ti misma.
Usualmente, siendo primera generación incluya más que solo la escuela. Entre las clases, la tarea, y las responsabilidades entre la familia, también hay el peso de mantener trabajos múltiples para llegar a fin del mes. Es agotante, y no te deja mucho espacio para respirar. Cada turno, cada hora, se siente como otra acta de equilibrio encima de la carga de complacer con una compañía que no te toma en cuenta.
Me siento como si no tuviera lugar para respirar y honestamente se siente como si hubiera un ladrillo gigante sobre mi espalda. No tengo tiempo para mi familia o mis amigos y eso me causa mucha decepción. Es difícil sacarme de la casa porque todo lo que quiero hacer es hundirme en la cama y apagar el mundo por seis horas hasta que lo tengo que hacer de nuevo.
Estoy orgullosa de ser primera generación, realmente lo soy. Pero el orgullo no hace las cosas más fáciles. Simplemente enseña que le estoy siguiendo, cuando tengo miedo, hasta cuando no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo en este mundo al cual aun me estoy acostumbrando.
Y tal vez eso es lo que significa ser primera generación. No una historia de éxito automático, sino una historia de persistencia. Es hacer las cosas sin que la gente se de cuenta, teniendo cargas que no son tuyas para cargar, y todavía encontrando una manera de seguir adelante. Es aprendiendo a celebrar los logros pequeños, cuando los más grandes se sienten imposiblemente lejos.
Siendo de primera generación significa crecer rápido, cargando los sueños de tu familia sobre tu espalda, y dándote cuenta que la fuerza no se trata de nunca caer, se trata de levantarse cada vez que te caes. Se trata de enseñarles a tus hermanos y hermanas que está bien tener trastornos, sentirse asustado, no tener todas las respuestas, y seguir intentando. Se trata de demostrar que el lugar de donde vienes no limita a dónde puedes llegar.
Pero después recuerdo porque sigo adelante. No para la perfección, no para un aplauso, no para una idea de “éxito” que la gente idoliza. Yo sigo adelante porque cada vez que voy al trabajo, a clase, o a casa, estoy demostrando algo a mi misma. Demostrando que yo puedo sobrevivir, que aguanto, y que puedo crear un camino donde no existía antes.
